Literatura española: El camino


“A Daniel, El Mochuelo, le preocupaba la razón de por qué en el valle no había perdices. A él se le antojaba que de haber sido perdiz no hubiera salido del valle”

El camino
MIGUEL DELIBES

Este paralelismo recoge la esencia de El camino, que para Daniel es más importante quedarse en su pueblo que irse a estudiar fuera, que no entiende por qué tiene que marchar. Ese no es su sueño, es el sueño frustrado de su padre. Además, él se compara con una perdiz, de vuelo libre, que si por él fuera, viviría en libertad, y en su pueblo. Daniel presiente que el camino propuesto por su padre no es el que quiere seguir, pero sabe que con once años no tiene capacidad de decisión y debe conformarse con lo ordenado por sus progenitores.

Miguel Delibes dijo: “Yo lo que pretendo decir es que hay personas con vocación de ruralismo y no hay por qué oponerse a ello” Y esto es lo que le pasa al protagonista de su novela, que no concibe la idea de tener que irse a estudiar si él es feliz en su medio rural, en su pueblo, con su gente y su vida. 

Es una novela circular que empieza con la misma escena que con la que acaba: con la partida de Daniel a la ciudad. Y no se respeta ningún orden a la hora de contar las anécdotas. Utiliza los flashback o analpesis para narrar lo que le sucedió en el pasado, y va intercalando el presente con sus diversas aventuras y con historias paralelas de los diversos habitantes del pueblo.
El narrador no es el personaje principal, Daniel, el Mochuelo, sino que es un narrador omnisciente, utilizando un estilo indirecto libre, con un punto infantil y con la misma visión que Daniel, porque aunque no utilice su misma voz para narrar, se adentra en su interior hasta convertirse en un narrador cómplice, que utiliza la inocencia y la simpatía del chico para contar la historia.

En la obra, Delibes recurre a varios famosos tópicos literarios:
BEATUS ILLE (Dichoso aquel): “Elogio de la vida campesina, rural, frente al ajetreo urbano y cortesano”. El protagonista admira a los que viven en su pueblo, quiere ser como el herrero o como el quesero, quiere una vida rural, sin tener que ir a la ciudad.
VITA-FLUMEN (La vida como río): “Carácter fluyente de la existencia humana, equiparada a un río que avanza, sin detenerse, hasta fundirse en el mar, su muerte”. Daniel toma consciencia en un momento dado de que todos vamos a morir, de que la vida se acaba. Súbitamente se da cuenta de que la infancia no es perenne, y de que “vivir es ir muriendo poco a poco”.


A lo largo de la narración se muestra cómo va dejando de lado la inocencia del niño y va adquiriendo los pensamientos de un preadolescente, cómo pasa de pensar que los niños vienen de la cigüeña a saber que nacen mediante el parto, “como las conejas”; que el ser humano no puede escoger siempre lo que quiere, sino que hay veces que ha de doblegarse a lo que le acontece. Todas estas anécdotas y experiencias van forjando su pequeña persona, van creando el camino de Mochuelo. Un camino que él, en esos momentos, no quiere recorrer, pero es obligado por su padre a seguir adelante, porque quiere vivir sus sueños frustrados a través de él.

La novela es una obra gramaticalmente y semánticamente fácil, además de corta, por lo cual conlleva una lectura rápida con la que acabas en dos golpes. Sin embargo, esto no quiere decir que los temas que trate de trasfondo sean fáciles también. En una novela de 195 páginas trata temas como el amor, la amistad, el conformismo, la muerte, la religión, la sumisión… Y todo con una elegancia extrema y totalmente discreta. 


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