“Porque el tiempo que ha pasado
conmigo es sólo un parpadeo comparado con su larga, larguísima vida. Y me
duele. Me duele que en estos momentos sea todo para mí, porque ha estado
omnipresente en los últimos instantes de mi vida y en todo este extraño
tránsito entre mi muerte y lo que haya más allá, y en cambio yo para él no soy…
nada. Una anécdota que dentro de doscientos o trescientos años ya habrá
olvidado. Puede que ni siquiera merezca un par de frases en el colosal registro
de sus memorias”.
Dos velas
para el Diablo
LAURA GALLEGO
Laura
Gallego es conocida por los universos tan completos y detallados que crea en
sus libros, y por haber sido todo un hito en una generación de la literatura
juvenil. Podría haber elegido cualquier tomo de Memorias de Idhún para esta entrada, o La emperatriz de los Etéreos o incluso Alas de Fuego, una novela con un tinte más “negro” y adulto.
Pero
he decidido volver a leer Dos velas para
el diablo por lo que mi memoria conservaba de ella, y estoy satisfecha con
mi elección.
La
historia guía a la joven Cat a través de la transición de su muerte y posterior
estado etéreo en el que tiene que resolver sus conflictos para poder encontrar
paz –o venganza-. Para ello cuenta con la ayuda de Angelo, un demonio de rango
menor. El elemento sobrenatural viene de la mano de estos ángeles y demonios,
que habitan el mundo de los hombres sin que éstos sean conscientes y que tienen
mucho que ver en la vida de Cat. Un punto a favor de la lectura es la relación
entre los protagonistas; fantasma adolescente y demonio milenario que resultan
tener una química sensacional, alejándose de todo cliché de historia de amor
superficial que cabría esperar de un libro juvenil. Esta mitología
cielo-infierno se plantea de forma detallada y a la vez simple, exponiendo
numerosas cuestiones sobre el destino, el papel del ser humano o quién decide
los límites de la bondad.
“Si pones una vela para Dios, pon dos velas para el
Diablo”
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